Un instante

Photo by Fabrizio Verrecchia from Pexels
32
Views

La bola invisible de gas frío que crece de una forma sorprendente mientras se anida en nuestro pecho vacío acunando el dolor; siempre nos avisa antes de llegar, de crecer e invadirnos con su electricidad. Sin embargo somos incapaces de frenarla.

Una ultra-milésima de segundos tan diminutos que ningún cronometro y/o temporizador es capaz de captar, es todo cuanto tenemos a nuestro favor para aferrarnos a algo antes de que semejante elemento de poder empiece su travesía. Sentimos como nuestros sentidos se agudizan captando sensaciones en un campo mas ancho; nos ponemos en contacto con todo a sabiendas de que no estamos en contacto con nada, incluso sentimos el peso del aire, de la visión, del sonido, y nos sentimos girar junto a la tierra como un punto firme en el centro de una libro enorme de paginas en blanco.

Lo peor es nuestra impotencia ante su ataque, y cualquier evasiva física, mental, o algún intento de actividad de despejo resulta un chasco completamente fallido ante el futuro inmediato y nefasto que está punto de llegar.

La vida de ser una ilusión que fascinan para volverse tan real como el dolor mismo; entonces entendemos lo que es el vivir de instantes en instantes. Comprendemos que un instante pasado puedo tener tanta fuerza o mas como un instante presente, y se hace de poder y de un golpe casi inesperado el momento pretérito se se vuelve nuestro momento actual en tiempo y circunstancia, y lo peor es que se hace tan eterno como desgarrador, entonces nos olvidamos de cualquier instante que sobre y nos quedamos con el que nos atosiga. Nuestra vida deja de ser todo un conjunto de historias entrelazadas entre sí, para ser solo un punto grande y frío, un punto huevo. El punto donde estamos sitiados con tendencia al colapso.

Es ahí cuando nos avisa que viene, y empieza a crecer esa bola de gas en el pecho, quilla dominadora de gargantas.

La sentimos como el mismo punto que crece conscientemente y rápido, sin forma pero uniforme y constante, hasta que nos arropa todo el pecho con su masa de aire frío y su veneno que nos desgarra la tráquea y nos impide respirar, y nos colocan un piedra bajo la mandíbula aplastando la voz; creo que a esto se le puede llamar nudo en la garganta. Sus intenciones de rompernos el pecho y abrirnos en dos para sacarnos el alma afloran como mariposa en flor. Sentimos que explotamos. Una lluvia de imágenes aferradas al instante que alimenta la bola nos caen a la cabeza como lluvia de estrellas.

El instante se hace eterno e indestructible, fuera como el brazo de un Dios; y lo peor, es que no sabemos cuando terminará.

Article Tags:
· ·
Article Categories:
Divagaciones

Un día me dieron la facultad de las mil y una maravillas.

Comments are closed.