Tres lecciones que me dio el barrio El Raval de Barcelona

52
Views

En el periplo de la vida, uno da vueltas sin saber donde va a parar la pelota del destino. Buscamos donde echar raíces, ignorando que la tierra está suspendida en el vacío, y siempre se mueve, porque la vida es cambio. En unos de esos rebotes llegué a parar al mentado barrio El Raval. Allí donde nos reunimos los que nos hemos pasado la vida entera tocando fondo, y en vez de devorarnos unos a otros, nos reconocemos como iguales. Hay tres lecciones de vida que me dio el barrio El Raval de Barcelona. El único barrio que sobrevive a las crisis.

España se estaba cayendo a pedazos. Barcelona se quebró y no había señal de reparo. La crisis inmobiliaria barrió la dignidad de los que ahora no tienen sábanas para arroparse. El paro se disparó y mató a la juventud. Hubo que improvisar mucho para llevarse a la boca algo de comer.

Pablo Jiménez Arandi escribió en un artículo: “ El Raval es un lugar de contradicciones. Este barrio del distrito barcelonés de Ciutat Vella combina lugares incluidos en los circuitos masivos para turistas que recorren la ciudad con rincones apestados. Sitios que muchos vecinos de Barcelona no pisarían nunca, con calles que nacen o mueren en Las Ramblas, epicentro del cataclismo turístico en la capital catalana.

Por eso, y muchísimo más, yo estaba ahí...

Lección #1 – Una nueva crisis, no asusta al que siempre ha vivido en crisis.

En mi trabajo, en la calle, en el metro, en la radio, en la prensa, en todos lados la gente sólo se quejaba de la crisis. En El Raval también, pero de forma distinta. Y es que, cada cual llora al ritmo de su violín.

Mientras España entera se hundía, El Raval florecía. A la gente se la estaba llevando el diablo, pero su vida entera había sido así. La crisis de España no puede ser mayor a la crisis que hemos cargado toda la vida. A ninguno los del barrio nos importaba nada. Con o sin crisis, nuestra vida estaba igual de jodida.

Una tarde de esas visité un bar de mala muerte. Todos en ese bar teníamos una terrible historia que era pública pero a ninguno nos importaba. Algunos bregaban con trabajos sexuales, otros con estupefacientes, el que le dieron 12 puñaladas y sobrevivió, el que no tiene papeles, la musulmana que trabaja en una esquina para mandarle dinero al marido que está en su país, la africana que pertenece a una red de tráfico de personas y tiene que durar veinte años trabajando en lo que la pongan, el que estuvo preso, el que está huyendo, el que no habla español, en fin. Ahí todos teníamos una vida de mierda. Yo tenía la mía pero eso aquí no importa.

Lee aquí: Año nuevo sin metas, ni objetivos, ni sueños.

¿En el bar se hablaba de crisis? Claro que sí, pero las conversaciones eran en plan cachondeo:

— ¿Entonces hay crisis? — 

— Ya lo sabes. Esto se jodió. Ponme una cerveZa

A todos nos estaba afectando la crisis. Pero, ¿Y si nuestra vida es ir de crisis en crisis orbitando al borde del abismo? Siempre ha sido así, siempre lo será. La crisis de España, no es superior a la crisis que todos llevamos dentro. No nos importaba la crisis inmobiliaria, igualmente ya estábamos jodidos.

Fui feliz. 

Lección #2 – Todos tenemos alguien que nos importa

No importa si eres ala de dios o rabo del diablo, el amor nos toca a todos de diferentes maneras. Y por amor, hacemos lo que sea.

Se me quebró el pecho cuando supe todo: Ella era una trabajadora sexual que solía estar en una esquina ofreciendo sus servicios. Otras veces caminaba sin equilibro con al mente alucinando. Tenía un hijo que amaba, y por el cual hacía todo. Era una madre como pocas, le ayudaba a su hijo con las tareas, le compraba revistas que le gustaban, y a su lado siempre sonreía. Gracias a su trabajo, podía mantener a su hijo que vivía con su abuela. Su vida era una crisis, pero la única luz que necesitaba, ella ya la tenía.

Lee aquí: El taxista que por sexo oral agudizó mi depresión.

El adulto mayor que habían apuñaleado tenía seis nietos, y seguía trabajando con el tema de drogas para que su familia no pase hambre. pues habían caído en desgracia. Por otro lado había una pareja de esposos latinos dedicados al trabajo sexual para poder mandar remesas. Todos tenemos a alguien que nos importa, alguien que puede ser la única razón por la cual aún nos mantenemos a flote, alguien por el cual, hacemos las peores cosas.

Lección #3 – Los adultos mayores necesitan ocio y sexo

El piso donde me mudé era de Pepita, una señora de unos ochenta y tantos años, amante del vino y de espíritu joven. Sus días estaban florecidos de actividades. El bingo, el club, un bar, la iglesia, y un lugar rarísimo donde los de su edad se juntaban a hablar de sus muertos. Me decía Pepita, que ellos habían visto morir a tanta gente, que la muerte ya les resultaba familiar, y hasta un poco amistosa. A ella le gusta saber la historia de la muerte de los padres de los de su edad. Y es que según sus palabras, en el fondo ellos aman contar esas historias.

Es que al final, los que ya no pueden ver su futuro, se sientan a recordar su pasado. 

Lee aquí: El día que maldije a mi jefa y renuncié al empleo.

Un día que yo hice empanadas dominicanas, y por orden suya guardé 4 para ella llevárselo a un “viejito” que la tenía cansada pidiéndole que ella sea su novia. En la noche regresó sin las empanadas pero me dijo que las regaló a otras personas porque el “viejito” se murió. Se sirvió una copa de vino y nunca más se habló del tema. Un muerto más, gran cosa.

En la convivencia me contaba su día a día. Ella se reunía con las amigas a jugar bingo apostando céntimos, y también se sentaba en un banco de parque a ver hombres de 60 y de 65 años pasar.

La estructura endiablada del barrio El Raval es perfecta. Te permite seguir conociendo gente y enamorándote sin importar edad.

<<Una amiga tiene un amante, y necesita ayuda para subir las escaleras>> — me dijo una vez entre risas.

¿Por qué Pepita tenía tanto espíritu? Su espíritu era el mismo que el de todas las personas de su edad del barrio. El Raval es un carrusel de inclusión. No hay un lugar para X tipo de gente y otro para Y tipo de gente. Todos estamos mezclados, y somos iguales, y nos encontramos en las mismas esquinas. Ahí no se sabe cual está más hundido, porque eso todos nos soportamos y nos integramos. Todos estábamos pasando trabajo de alguna manera, pero éramos felices porque sabíamos que ya más para abajo no podíamos llegar. Por eso los que teníamos la vida jodida, nos refugiábamos ahí. De alguna manera, eso nos hacía más fuerte.

Y esas son las tres lecciones. Bai

Te dejo este vídeo de un vlogger español Barcelona Pie de Calle sobre El Raval.

Subscribe to our newsletter!

Article Tags:
· · ·
Article Categories:
No ficción · 😎 Blogging

Un día me dieron la facultad de las mil y una maravillas.

Comments are closed.