Ayer me pregunté dónde estabas. Mi teléfono ya no me habla con tu voz, ni el ojo mágico de la puerta dibuja tu cara. Parece que aquella húmeda noche en la que te fuiste, te fundiste con la lluvia y te evaporaste hasta el cielo.

Desde mi balcón miro las nubes a ver si te encuentro.

– ¿Me vas a abandonar? – te pregunté.
– Sí.
– ¿Ya no quieres estar conmigo?
– ¿De qué hablas? Yo sólo me senté a tu lado.

Y así, sin un abrazo, un beso, o un último polvo, caminó hacia la puerta con aire de despedida, y me dejó solo en esta casa huera y vacía, que desde que advirtió su ausencia, se volvió redonda y escondió los rincones dónde me gusta ir a llorar hasta quedarme dormido.

En el balcón, olvidó su pipa sucia con olor a yerba mocata. Ahora fumo, esperando que el humo envenene el aire, para ver si llega allá arriba y le hace bajarse de esa nube, así viene a arreglar la porquería que me he vuelto desde que se fue.

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Estudié teatro; me apasiona el internet.

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