Se metió a mi casa un ladrón

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Se metió a mi casa un ladrón. No estaba armado, ni tenía intenciones de defenderse cuando lo reté en medio de la cocina. Tenía un cuerpo de infarto, capaz de matarme de un solo golpe, pero ni siquiera se inmutó cuando me vio pacientemente ir por el cuchillo.

No quiso explicarme cómo logró entrar a casa sin violentar la cerradura. Sin lugar a dudas es un maestro del engaño y el escape, de hecho sus pasos tampoco suenan. Él no camina, se desliza sobre el suelo.

Llamé a la policía, pero cuando llegaron el ladrón no estaba. Se las había ingeniado para que sólo yo lo pueda ver. Y se quedó en mi casa el tiempo que quiso, robándome mi capacidad de sacarlo de mi vida.

Se metió a mi casa un ladrón...

Con el tiempo me acostumbré a él, y no sólo me limité a verlo, también a escucharlo, a sentirlo, a tocarlo, a hacerlo mío. No todos los días se aparece en tu casa un ladrón tan bueno. Es lo malo de tener alma de puta. Termina uno dándole la nalga a quien no se merece ni un nude.

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Lo único que ese maldito no hacía era besarme, pues él era un ladrón, no un besador, al menos eso decía. Y, si algún día me besaba, iba a ser para robarme mis palabras.

Se quedó en mi casa, pero se guardó sus besos.

Cada día la casa era más y más pequeña, faltaban cosas, se desaparecían objetos, hasta mi memoria empezó a fallarme.

Se metió a mi casa un ladrón...

Y, un día, me vi en la calle, sin nada. Él tomó su mochila, me dio un abrazo, y luego me besó. Con ese beso se robó lo último que me quedaba, el gusto que había cogido por tanto tiempo Se marchó sobre la acera al son de las bocinas. El surrealismo de mi isla se lo tragó, y nunca lo volví a ver.

Ahora camino en las calles, preguntando por el ladrón de besos, nadie lo conoce, nadie sabe dónde está. Quiero que me siga robando, aunque ya tengo nada que me quiten. Lo último que tenía era el gusto que me daba, y se eso también se lo robó con el beso que me dio.

Aunque en verdad, ese gusto, nunca me perteneció, era suyo, él me lo provocaba, y ahora no siento nada cuando beso, tampoco cuando me besan. No importa si me besan los labios, o la nalga.

Art by: Veranqifer

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👽 Ficción

Un día me dieron la facultad de las mil y una maravillas.

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