Rapsodia de un sueño

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Soñaba una vez entre una atmosfera extraña, pesada, inentendible, aburrida. No soy capaz de recordar lo mas importante del sueño (los detalles), pero sí viven aún en mi memoria aquellas formas obsoletas, arcaicas y sin aristas. No existía nada capaz de motivarme a seguir allí.

Entonces como por arte de magia o por la magia del arte, descubrí que soñaba, que en algún lugar estaba yo y en otro mi cuerpo durmiendo; entonces decidí que había llegado el momento de despertar. Pero era tal mi indignación porque me hayan traído hasta lugar a soñar, a este pedazo de mundo etéreo completamente obsoleto en sentido, color y forma. Decidí que debía lanzar una maldición antes de marcharme.

En ese momento apareció frente a mi un anciano con la cabeza descubierta; el pelo largo y blanco al igual que la barba; llevaba puesto un vestido azul con dibujos de estrellas blancas. Entonces comprendí que él era el sueño; eso para mí no tenia mucha lógica y era casi inentendible, pero era cierto, aquel señor con apariencia de ser un Dios, era el sueño como tal, encarnado de forma visible y hecho de materia viva, fue la primera vez que vi algo lúdico con mis ojos de humanos. Decidí acércamele para lanzarle mi gran maldición, ya que aun seguía molesta, y aunque se notaba la diferencia jerárquica entre ambos, no me importó respetar ninguna ley y decidí reprenderle.

– Me voy, no soñaré más, me he aburrido mucho, así que me voy a despertar, y espero que los sueños no sigan existiendo, porque son aburridos, que no existan mas y así no existirá el soñar.

El señor me dio una sonrisa sutil y delicada, debo admitir que fue la sonrisa mas amable y perfecta que he visto nunca, y antes de marcharme me dijo.

– No; los sueños existirán, siempre que el soñador tenga mas sueños que soñar; y siempre que haya un sueño, dispuesto a apostar a un soñador.

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Divagaciones

Un día me dieron la facultad de las mil y una maravillas.

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