Era una tarde 1998 cuando llegó el huracán. En una pequeña casa, ubicada en un barrio de Villa Mella, casi una veintena de personas se las ingeniaba para acomodarse en tres simples habitaciones, y un sólo baño. No había nada que hacer, más que esperar que todo pase, y sobrevivir. Pero, aguarden, una pregunta: ¿Puede un bebé saber que estamos en una pandemia?

Encuevados, esperábamos que se calmara el rabioso enemigo. George, le decían. Aunque quería regular la temperatura del mundo, para nosotros era un enemigo que nos obligó a agruparnos hasta con desconocidos bajo un mismo techo. Hay que sobrevivir.

Antes que nos embistiera, una tía había llegado con una pequeña cosita en brazos llamada Antonio. Un regalo de la vida ante esta tormenta que traía muerte consigo. Tenía apenas 3 meses de nacido, y era conocido por ser un glotón.

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No sabía decir ni siquiera “teta”, o “mamá”. Pero reclamaba con llanto su comida a cada rato, obligando a la madre a usar leche de fórmula pues sus senos no daban a bastos.

Aquel día del huracán el niño no gritó, ni se quejó durante todo el día. También pidió comida.

Mientras todos en la casa escuchábamos las noticias por un radio de batería, y nos enterábamos de los muertos, los ríos desbordados, escuchábamos llamadas en vivo de gente casi a punto de morirse, o narrando como había visto a otros morir despedazados o contrallados contra una pared, el niño pasaba hambre en silencio. Era testigo silente de la tormenta.

Fue ya a las 3 de la tarde, cuando por cosa de la vida dije: “¿Y ya le han dado de comer a Antonio”? cuando todos en la casa se volvieron locos, y resolvieron urgente la situación. ¿Cómo es posible que un niño que llore hasta 10 veces al día por su comida, no haya comido a las 3 de la tarde y ni siquiera se haya quejado? Regularmente hay horarios para darle de comer a los niños, pero con él no hacía falta porque pedía su teta cuando le viniera en gana. No entendíamos lo que pasaba. Barajamos todo tipo de teorías, y llegamos a la conclusión que él estaba nervioso por lo que estaba pasando.

Pero, es un niño, tiene 3 meses de nacido, estamos todos en una casa oyendo noticias por la radio, no hay disparos, no hay sonidos fuertes, no hay estrés, ¿cómo puede el niño ser consciente de la situación que está pasando? ¿Cómo puede saber o sentir que un huracán está azotando la isla?

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Hace días, yo empecé a comportarme sin advertirlo de forma apocalíptica, guardando comida, y gastando el dinero sabiamente sin haberlo planificado, como si ese instinto dormido despertó. Entonces, ¿cómo el niño guardó silencio en medio de la tormenta? ¿Será que la naturaleza le despertó un instinto que tenía dormido dejándole saber que es momento para estar sereno y no hacer nada? ¿Cómo sabía que estaba en peligro?

Puede que sea una tontería, pero a nosotros que sabíamos y conocíamos al niño, tan necio (cuando creció le decían señor jodienda), tan llorón con su comida, y tan glotón, no haya sido capaz de inmutarse tan siquiera en medio del huracán.

¿Cómo supo el niño lo que pasaba y se comportó tal cual se esperaba de él?

La naturaleza es rara, y sabia. Pero, sobre todo, misteriosa.

¿Puede un bebé saber que estamos en una pandemia?

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Estudié teatro; me apasiona el internet.

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