Morán, el santo de los besos escardados

Morán, el santo de los besos escardados
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Él besaba tan bueno que emperraba. Se decía que no tenía bandera. Adonde quiera que iba pegaba un braguetazo, eso sí… no preñaba. Pero no importa, a él hasta las doñas lo amaban. Pero a ellas les cobraba en efectivo. Lo bauticé como: Morán, el santo de los besos escardados.

Lo conocí mientras jugaba vitilla con los varoncitos del barrio que siempre andaban sucios y con grajo. Yo tenía 8 años, y muchas ganas de amar. Y él tenía una visa y hablaba inglés, era un dios gringo de piel prieta que había venido a salvarnos.

Y, como lo idolatraba el párroco también lo idolatraba la chusma, o sea, el barrio entero. Su mamá tenía casa propia, y andaba bien montada.⠀

En el colegio tuvimos una fugaz amistad, pues luego se hizo mi enemigo cuando le dijeron que fui yo quien le había pegado los piojos porque mi familia viene de un campo. A él le tuvieron que afeitar la cabeza.⠀

Nunca me lo perdonó.

Y eso, que él iba a empezar a ir a mi casa a hacer la tarea y a comer, pero la convivencia en el colegio se volvió insoportable, llegando incluso a partirme la boca. Un día me escupió la cara, y antes de lavarme probé su saliva llevándome un dedo embarrado de su escupitajo a mi boca. ⠀

Descubrí mi propósito en la vida: ser su bacinilla. ⠀

Lee aquí: Se metió a mi casa un ladrón

Empecé a soñar con él por las noches, en cada sueño él me escupía y yo le pedía más.⠀

Fue mucho el tiempo que mi mente jugó con Morán, el santo de los besos escardados. Tanto tiempo, que olvidé contar los días.

Pasó el tiempo, y se volvió una vaina rara, pero seguía creyéndose el más bueno del barrio a pesar que tenía el culo lleno de pelos y la frente calva. Sin embargo, las doñas lo seguían visitando. Decían que él era: “Un hombre de tanto gusto”.

Además, ya tenía ganando el corazón de todas.

Una vez conseguí una merma bien buena que viene del otro lado del charco, y que aquí en el patio no la venden. Me las ingenié para tener un encuentro con él y ofrecersela. No se negó. ⠀

Aprende bonito: “ no es bueno confiar en las personas que tienen resentimientos”.⠀

Como se la metió todita, pude hacer lo que quise con él.⠀

Es raro verlo encuero mirando para arriba con una soga amarrada al cuello.⠀

¡Te bajé cuando vi que tenías la boca botando saliva y el pene erecto! Ni los ahorcados quieren saludar a la parca sin coger un chin de gustito antes. Imagínate yo, privado del tuyo desde los 8 años.⠀

Ahora… es mi turno de hacer el delicioso.⠀

Relájate papi, te noto tieso.

Photo by Taylor on Unsplash

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👽 Ficción

Dramaturgo, bloguero, y roto!

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