Mi palito, que me abría los sentidos.

53
Views

Desde niño siempre me gustaba jugar solo, conocí de cerca la soledad, y la amé profundamente. Ella me mostró sus voces, y yo le mostraba las mías. Al principio, siempre había un rincón en la casa donde nos encontrábamos, y jugábamos por horas. Era tan divertido. Mi palito, que me abría los sentidos.

En ocasiones, yo era una diosa poderosa con un enorme báculo con el cual lanzaba rayos que destruían todo, y luchábamos juntos. También solíamos ser esposos que estaban llorando y pidiéndose perdón. Pero de todas, la que más me gustaba, era cuando simplemente nos quedábamos ahí, tú y yo, juntos.

Nunca tuve miedo a que compartieras un poco de mi existencia, por eso cuando íbamos al campo a visitar a la abuela, yo me buscaba un enorme palo más grande que yo, lo sacaba de una mata de cacao, y tú te metías ahí dentro, y te usaba para arriba y para abajo, era un enorme cetro de poder. Recuerdo que llegaron a darme golpes por usar los palos de las escobas para eso, pero bueno, todo tiene un precio.

Leer aquí: Sin Hércules, no hubiese Jesucristo tenido éxito

Para desocupar una alegría del corazón, llega siempre la triste noticia de que se acabó el fin de semana, o las vacaciones, o lo que sea que amerite regresar al cuchitril donde vivo ubicado en un barrio surrealista del país. Donde los perros andan sueltos aunque tengan dueños y algunos son agresivos y te caen atrás para morderte. También hay que pagarle a hombres en carretas empujadas por caballos o burros, para que te boten la basura porque el ayuntamiento no la recoge sin importar de cuál partido político sea. Además, el agua hay que comprarla por camiones y llenar una cisterna porque nunca llega aunque todo el sistema de tuberías esté instalado. Y donde hay apagones de más de 24 horas.

Y tú, querida y apreciada felicidad, te quedas aquí, en el campo, no me permitirían llevarte a la ciudad, y aunque lo haga, no puedo usarte, pero dejarte aquí, sería un suicidio para mí.

Retomé sobre mis pasos, unimos fuerzas y pensamos:

Lo tengo: irás, pero en una versión más pequeña.

Así que en el barrio me hice mi propio palito versión citadina. No era tan grande, apenas tocaba el suelo si lo usaba, la gente exageraba demasiado. Todo el mundo se burlaba de mí diciéndome que estaba ciego. Bueno, era del tamaño de un palo de ciegos, es verdad.

Lee aquí: La pandemia y mi ducha llorona

En el campo no pasaban estas cosas, se veían como cosas de muchacho, nadie en verdad le daba importancia, pero la ciudad es asquerosa como arcoiris sobre una plota de algún familiar. Una tía o algo así. Así que dejé de sacarte de casa. Sólo nos podíamos tener el uno al otro en el patio, o en el callejón, donde nadie iba a joder.

Siempre me encontraban dándote vueltas en el aire, y diciéndote cosas.

A veces bajo en el patio bajo un horrible sol, pero no me importaba. Y ante la rareza del fenómeno, agradezca que la burla de gente cercana fueron poquísimas.

Pasó el tiempo, y ambos comprendimos que para viabilidad de la vida, era necesario algunos ajustes. Así que ahora, tienes el tamaño de un simple palito cualquiera, a veces te meto en mi mochila y te saco a pasear. Cada vez que me mudo, eres mi más preciado tesoro que agarro con mis propias manos, y lo llevo yo mismo. En mis manos, sin soltarlo a ninguna parte.

Sí, he cometido el error de olvidarte alguna que otra vez, pero cuando ha pasado he hecho llamadas, he tomado taxis, y he movido cielos y tierra para recuperarte en el menor tiempo posible, así tenga que pedir permiso en el trabajo.

Tu, y yo, hemos aprendido a vivir juntos.

Tristemente, he tenido que reemplazarte en algunas ocasiones. Es que al final, yo simplemente te encuentro en la calle, y te dejo tal como estás, y a veces te has ido rápido.

Lee aquí: La escuela de la muerte

Cuando te he perdido, porque ha llegado tu hora biológica. No busco un reemplazo inmediato. Yo simplemente sé que te voy a encontrar tarde o temprano. Y camino, camino, camino, pueden pasar incluso semanas hasta encontrarte nuevamente. Cuando de pronto te veo, pude ser en cualquier parte, pero te veo. Aveces eres una extremidad de un árbol que cortaron, o sólo una rama tendida y estás oculta en el medio y tengo que quitar todo lo que sobra.

He tenido que dejarte en casa innumerables veces y no llevarte conmigo.

Por suerte, hemos encontrado una manera de poder vivir juntos, y es que mientras tengo que dejarte, sales del palito, y te metes en mi cabeza.

Ahora siempre me siento solo, pero me gusta, porque no paro de jugar contigo. Has aprendido a tomar control de mis manos, y en ocasiones escribir por mí, y yo, he aprendido a amarte, cada día más.

Déjenme jugar tranquilo con mi palito que me abre los sentidos, y no se metan con la cosa que tengo en la cabeza.

Subscribe to our newsletter!

Article Tags:
· · · · ·
Article Categories:
Divagaciones

Un día me dieron la facultad de las mil y una maravillas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

The maximum upload file size: 1 GB. You can upload: image, audio, video, document, spreadsheet, interactive, text, archive, code, other. Links to YouTube, Facebook, Twitter and other services inserted in the comment text will be automatically embedded.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.