Las Calles Enemigas, una buenísima novela

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La ciudad de Santo Domingo, con su oscuridad absorbente en largas noches de apagones, brilla en la historia universal por ser la capital primada de América. Esta segunda proposición carece de relevancia para quienes viven al amparo de oscuras calles desprotegidas: las prostitutas, niños sin hogar, drogadictos, o una mezcla de estos adjetivos más unos cuantos más. Las Calles Enemigas, una buenísima novela dominicana, de la cual pocos hablan.

Roberto Marcallé Abreu, retrató con la pluma los puentes, las avenidas, los callejones, las baldosas quebradas, las cloacas abiertas, los basureros de esqueletos humanos refugiados en bares de mala muerte, los hoteles de almas enfermas que cobran por hora ante un orgasmo apresurado, y los vecindarios acosados por monstruos del día disfrazados de autoridad; el monocromo de la pluma ha vencido a la paleta y al pincel para dar como resultado un cuadro terrorífico de un lúgubre Santo Domingo que da grima verlo existir.

En el año 2012, Las Calles Enemigas ganó el Premio de Novela UCE.

Autor de la Novela Las Calles Enemigas.

La novela gira en torno al asesinato del único hijo de Varón de Jesús Altagracia, el cual desconsolado por su muerte y tras no recibir ningún tipo de ayuda por parte de los jefes del orden, decide investigar por su cuenta contratando los servicios del detective Guillermo; el detective acogió al llamado del interesado como un caso particular, pero una vez inició la investigación se vio a sí mismo envuelto en una amalgama de confusiones y ambientes taciturnos que le impidieron dejar el caso a un lado aún si hubiese o no dinero para pagarle, hizo el caso tan suyo como si el occiso fuese su hijo, decisión que la tuvo que pagar con un alto precio.

La novela tiene varios méritos, el más destacable es  la maestría de la narrativa realista con la cual Marcallé describe la ciudad y los hechos que le acompañan: lugares inhóspitos con tal precisión y crudeza que parece que no estamos en barrios, sino en laberintos fantásticos, llegando el lector incluso a atribuirle erróneamente destrezas casi diabólicas a personajes carentes de poderes sobrenaturales. Otro punto es la rotación de relevancia en los personajes, cambiando de personaje principal constantemente, y permitiéndoles a los demás estar presentes en el desarrollo aún cuando tienen capítulos sin aparecer, sin mencionar el caso del difunto, que desde la tumba se levanta y es un personaje más de la novela.

Los detalles de esta novela policíaca son tantos que el lector se uno a la investigación casi con acoso, llevando a crear historias paralelas con la intención de que al menos una de ellas resulte. En algunos casos la novela puede parecer chocante al tener alguna frase machista, pero es típico de un personaje como Jesús Altagracia siendo un pobre de Barrio.

Esta novela debe apuntar hacia otro lado, porque es imposible que tenga mercado en la República Dominicana. Si bien el arte no se hace para agradar a la gente  pero esta novela causa inseguridad, miedo, pavor en el lector, y hasta cierto odio por los jefes del orden. Es una novela para proyectarse del exterior hacia este República Dominicana, y no de aquí hacia el exterior.

Las Calles Enemigas no narra simples calles en línea recta, curvas y con perpendiculares. Las calles de Marcallé tienen una historia, ellas recuerdan cuando arrancaban árboles para que ellas crezcan, cuando destruyeron los bosques para agrandarlas al lado de un parque, recuerdan cuando por sus contenes corría agua sucia, en ocasiones ocultando el rojo de la sangre. Gritos, balazos, cada calle es el recuerdo imborrable de un acto efímero que desgarró la sociedad. Las calles de Marcallé, son calles enemigas, y registran la historia de un Santo Domingo vivo, que se muere, y agoniza.

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🎭 Arte

Un día me dieron la facultad de las mil y una maravillas.

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