Mi nombre es Juan Gotitas, me llaman así por una situación vergonzosa que me pasó tras culminar un acto sexual. Pero ese no es el punto, sino que empezaré a colaborar en este blog donde escribiré cosas muy personales amparado bajo este seudónimo, que ciertamente lo tuve en una etapa de mi vida. Iniciaré contándoles sobre el taxista que me ofreció sexo oral y agudizó depresión. Una horrible historia de mi vida, no por el taxista, sino por mí.

Vivía solo, en una habitación ubicada en los kilómetros de la avenida independencia, donde la puerta chocaba con la cama al abrirse. No tenía empleo debido a mi mala cabeza. 

Ese día que sucedió lo del taxista, había aceptado la invitación de un amigo que me tiraba los perros y hacía política. Feo hasta más no poder. Mi plan era ir a su casa, usar el dinero de la renta invitándole cervezas para luego tener relaciones sexuales, y así ver si él me podía pegar en el gobierno o pagarme un curso.

Llegué a la zona donde él vivía y de inmediato me decepcioné. Había que meterse caminando por una colina hecha de blocks, en algunas partes había lodo. El político del cual creí que me aprovecharía vivía en un hoyo al lado de un barranco. Una ratonera humana donde la ventana de tu cuarto, puede ser la puerta del baño de otro.

¿Y cómo un hombre que vive aquí tiene un jeep?

Pero está bueno que me pase por interesado. La desesperación por tener al menos lo decente me tiene en estado catatónito. No pido ser rico, sólo no trabajar para el pasaje. Retiré el semestre de la universidad por el dinero. Cometo tantos errores. Intenta seducir a este hombre fue otro.

Mi segundo error fue quedarme hasta tarde en la noche conversando con él por las cervezas. Él era educado y no me iba a incitar a nada que yo no quisiera. Y me gustan las cervezas, las tomo para no amarrarme una soga al cuello o pegarme un tiro. Las veces que él manifestaba sus intenciones siempre eran claras y directas. Me decía: “Tú me gustas. Tú eres mi prototipo de persona. Yo sólo quiero que tú sepas eso y que estoy interesado en ti”. Aún así no le di ni un beso por feo y por pobre. Si al menos hubiera estado bueno otra cosa fuera.

Abortada la misión de seducción sexual, salí de ahí y pedí un taxi.

Mi vida es un asco, todo había salido mal, pero bueno… al menos bebí cervezas y consumí más de lo que gasté. La peor parte de todo fue cuando me habló de vender amway y avon. Hasta para ser mala persona hay que tener suerte. El que nace para trapo de olla nunca sale del fregadero.

El taxi que tomé, en realidad era un concho que le ofrecí llevarme a mi casa. En el camino me ofreció una mamada. Era un señor de sesenta años, o quizás menos pues la vida de un chofer es dura y se toma mucho sol. A él le faltaban dientes. En todo el camino a casa le estuve rebotando. Me decía: “A mí me gustan los muchachitos así como tú”. ¿Estas son las personas que me desean? ¿En serio? ¿No puede la vida ser más azarosa? ¿Y en un momento como este que sólo me quiere morir?

No se le dio al chofer. Pero su oferta me hizo entender que eso es lo que merezco en la vida. Que una boca de dientes rotos, prietos, y ausentes acaricie mi cuerpo. He caído tan bajo, que el bajo mundo me está mostrando sus formas. Ya me reconoce como uno de los suyos.

Esa es la historia de: «El taxista que que me ofreció sexo oral y agudizó mi depresión». Y por supuesto, la historia de uno de tantos fracasos.

Ya acostado en la cama, y con el dinero de pagar la mensualidad descompletado, me di cuenta de lo bajo que puede uno caer cuando quiere progresar y se le cierran todas las puertas, incluyendo las puertas de los estudios. ¿De qué me servía ir a un curso gratis del gobierno si sabía que no iba a tener para el pasaje? A duras penas pagaba mi casa. El hambre que pasé se metió entre mis huesos y me ensanchó, su calamidad me volvió mala persona. Mi pequeño jardín está incompleto, el anillo de la isla se cierra y se cierne sobre mí, soy una hierba mala que le pica cuando le da el sol, y siempre tiene sed.

Bai, escribiré los martes.

Juan Gotita | Fracasé en todo, y no pretendo mover un dedo para cambiar ya más nada.

Author

Estudié teatro; me apasiona el internet.

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