Cuando la premonición de la muerte se vuelve poema

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Una bola suspendida sobre el hilo delgado que sostiene la uña
abajo, varias gotas enredadas entre un cubo forman el coloso
y la redondez del péndulo se precipita, y oscila.

El hilo corta el aire mediante la acción precedente a un silbido
mientras un eclipse deserta, para segundos mas tarde,
convertirse en una figura amorfa y concubina del silencio.

El agua otra vez refleja una cara gorda y redonda,
mientras se descristaliza y se adormece para reparar el rostro,
aun así, el reflejo sigue insinuando intenciones.

El papel teñido sobre la mesa de noche
observa a un minuto que pasa, y se detiene
a la luz amarilla de la lampara que saluda, y luego pestaña.

El agua ahora está quieta, y el hilo en el suelo,
alguien escribe sobre el papel, y la luz pide ayuda, vuelve y pestaña
y la enorme esfera lee: Epitafio.

Nadie habla pero todos disimulan, y la sombra de la cerúlea
por segundos es radiante y ruidosa como quejándose de algún dolor
más ignorando los segundos, y el minuto que sigue detenido.

Es el último que ha llegado
y cierra la puerta, nadie más pasa
tampoco nadie se aproxima.

El sonido del mar entra a galopes por la ventana, y con sus brazos
acaricia a la futura amante de sus calcáreas noches,
que dormirá entre el seno de su providencia
beberá de su aliento y juzgará a su lado a los marineros perdidos
cuando el imperio rocoso de su profundo sueño llegue
para despertar donde nadie oirá sus gritos.

La luna cierra los ojos y da paso a las sombras, el agua tiembla
el hilo pendiente se descuelga, y la uña dividida en trozos yace sobre el suelo
la luz se oculta, pero el minuto sigue detenido
y entre sus brazos ella duerme para descansar
cuando la premonición de la muerte, se vuelve poema.

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Divagaciones

Dramaturgo, bloguero, y roto!

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